LA CORANA DE ADVIENTO Y SU SIGNIFICADO
La tradición de la corona de Adviento es parte de una larga tradición Católica, pero se cree que se inició en Alemania antes de la época cristiana, porque existen evidencias de que las gentes utilizaban coronas con velas encendidas, durante los días fríos del mes de diciembre. Esto lo hacían como símbolo de esperanza para los venideros días cálidos de la primavera. Luego, en la Edad Media, los cristianos adaptaron esta tradición de la corona de Adviento, como parte de su preparación espiritual para la Navidad.
La simbología envuelta en la corona de Adviento es muy interesante:
En nuestro círculo familiar podemos hacer uso de esta tradición de la siguiente manera:
1. Encender las velas durante la cena cuando estamos bendiciendo los alimentos.
2. 1er. Domingo – El/La jefe de familia bendice la corona diciendo las siguientes oraciones y el hijo(a) menor de edad enciende la primera vela púrpura:
Bendición de la Corona de Adviento
Señor Dios, bendice con tu poder nuestra corona de adviento para que, al encenderla, despierte en nosotros el deseo de esperar la venida de Cristo practicando las buenas obras, y para que así, cuando Él llegue, seamos admitidos al Reino de los Cielos. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.
La bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre esta Corona y sobre todos los que con ella queremos preparar la venida de Jesús.
Encendido de la vela
Guía: Encendemos, Señor, esta luz, como aquel que enciende su lámpara para salir, en la noche, al encuentro del amigo que ya viene. En esta primer semana de Adviento queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría. Muchas sombras nos envuelven. Muchos halagos nos adormecen.
Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tú traes la luz más clara, la paz más profunda y la alegría más verdadera. ¡Ven, Señor Jesús!. ¡Ven, Señor Jesús!
Todos: Rezar un Padre Nuestro.
Guía: Ven, Señor, haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.
Todos: Y seremos salvados. Amén.
3. 2do. Domingo – El/La jefe de familia guía las oraciones y el hijo mayor enciende la vela púrpura de la semana anterior y la vela púrpura de la segunda semana:
Guía: Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel. Nosotros, como un símbolo, encendemos estas dos velas. El viejo tronco está rebrotando se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra carne.
Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su vida para que brotes, para que florezcas, para que nazcas y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza. ¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!
Todos: Rezar un Padre Nuestro.
Guía: Ven, Señor, haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.
Todos: Y seremos salvados. Amén.
4. 3er. Domingo – El/La jefe de familia guía las oraciones y la madre o un familiar enciende las dos velas moradas de las semanas anteriores más la vela rosada de la semana que se inicia:
Guía: En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la buena noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega el mensajero!. Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.
Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles, llama para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor!
Todos: Rezar un Padre Nuestro.
Guía: Ven, Señor, haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.
Todos: Y seremos salvados. Amén.
5. 4to. Domingo – El/La jefe de familia guía las oraciones y enciende todas las velas:
Guía: “Bendigamos al Señor”
Todos: hacen la señal de la cruz mientras dicen:
“Demos gracias a Dios”.
Humildad y gloria
El Nacimiento de Jesús.
Humildad y gloria
El Nacimiento de Jesús.
Guía: Derrama Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.
Todos: Amén.
Todos: Rezar un Padre Nuestro.
Guía: Ven, Señor, haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.
Todos: Y seremos salvados. Amén.

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